Lamitadmasuno. El verdadero general victorioso
Por Juan de la Puente
Diario La República
César Nakazaki, quien promovió en diciembre pasado la comparecencia del general (r) Rodolfo Robles como testigo en el juicio a Alberto Fujimori, debe estar lamiendo sus heridas. Fue un craso error. El testimonio de Robles puede ser definitivo para la condena de su defendido. Es el oficial de más alto rango del Ejército que ha aportado testimonios muy creíbles, validados ahora judicialmente, sobre el proceso de guerra sucia de los años 90, sus operaciones encubiertas y la responsabilidad de Fujimori.
Lo que dice Robles parece nuevo y fresco, pero no lo es. En su libro Crimen e Impunidad; el Grupo Colina y el Poder, publicado en 1996, describe con detalle la gestación de Colina, sus principales acciones y actores. El libro fue silenciado, Robles secuestrado y debió emigrar por su seguridad y también porque se le cerraron las oportunidades laborales luego de sus valientes denuncias. El testigo militar más importante del caso Fujimori fue expulsado del Ejército en 1993 y acusado de traidor. Vive ahora en Guatemala y trabaja en la democratización de las FFAA de Centroamérica. Su testimonio ha sido recuperado y a diferencia de Nicolás Hermoza Ríos, condenado por ladrón, que lo mandó secuestrar, Robles es el verdadero general victorioso aunque ha debido librar duras batallas durante 15 años.
Robles ha contribuido con su testimonio a lo que se llama la memoria histórica, es decir, la recuperación respetuosa del pasado y la reivindicación de la verdad colectiva. Lo que dijo permite actualizar para efectos del proceso judicial la visión casi perdida de la relación política del gobierno fujimorista con la cúpula de las FFAA, y reubicar otro elemento extraviado: el papel fundamental del SIN en esa alianza y en la violación de los DDHH.
En ese rescate, Robles aporta datos concluyentes: 1) que en el Ejército era un secreto a voces la existencia del grupo Colina como parte suya; 2) que el gobierno invalidó sus denuncias, no las investigó y lo expulsó del Ejército; 3) que Fujimori avaló a los denunciados y lo calificó de miedoso y chantajista; y 4) que el gobierno y el Ejército, institucionalmente, iniciaron una dura campaña contra él. No obstante, el valor más importante de sus declaraciones quizás sea el siguiente: exponer con limpia precisión la relación entre el grupo Colina y el alto mando del Ejército, en cuya negación, como última y agónica valla, se centra la defensa del ex presidente. En la probanza de la dependencia directa del SIN de la Presidencia puede estar la perdición judicial de Fujimori.
Finalmente, para ser justos, con sus testimonios Robles también reivindica al Ejército. El grupo Colina fue un cuerpo extraño en esa institución e incluso asesinó a oficiales de alto rango como el general Walter Peña Rivas, cuya muerte disfrazaron con un crimen escabroso, y el coronel Lorenzo Linares Dávila, según denuncia Robles en su libro de 1996. Demuestra con ello que la recuperación de la memoria histórica también beneficia institucionalmente a las FFAA.
Viernes 09 de Mayo de 2008
General Rodolfo Robles: “Fujimori hizo todo lo posible por encubrir a los criminales del grupo Colina”
“Fujimori hizo todo lo posible por encubrir a los criminales del grupo Colina”, afirmó el general Rodolfo Robles, al tiempo que reveló detalles de la denuncia que formuló al interior del ejército sobre la existencia de este destacamento y los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos, lo que deja en claro que el comandante general del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos y el ex dictador no solamente se negaron a investigar, sino más bien encubrieron estos hechos. Recordó que en la denuncia que formuló el 6 de mayo de 1993, también demandó que el presidente, el hoy acusado Alberto Fujimori, investigue estos hechos, cosa que nunca hizo.
En su segunda presentación este viernes 9 de mayo ante la Sala Penal Especial, Robles Espinoza fue enfático también en afirmar que el famoso “paseo de tanques” del 21 y 22 de abril, fue un acto de intimidación y amedrentamiento por la investigaciones de los congresistas como Henry Pease y Carlos Cuaresma sobre los asesinatos de La Cantuta, efectuados por el grupo Colina. Explicó que participó en ese acto pues lo contrario habría sido considerado como rebeldía, a pesar que “sentía vergüenza e indignación de estar mezclado con estos oficiales que estaban estafando al país, con el pretexto de la pacificación”.
Recordó el contexto en que se produjo el hecho, pues semanas antes ya había denunciado de estos hechos al juez militar, el general José Picón Alcalde, quien lo delató ante Hermoza Ríos, de quien recibió la instrucción de “hacerla larga hasta que la gente se olvide”.
No había forma de que Fujimori no esté enterado de los hechos
El general Robles también afirmó que no había forma de que Fujimori no estuviera enterado de estos hechos y que, por el contrario, hizo todo lo posible por encubrir a los criminales directos e intelectuales de los asesinatos de Barrios Altos y La Cantuta. “Esperaba que Fujimori iniciara la investigación correspondiente y se castigara a los ejecutores, cómplices, encubridores y autores intelectuales de estos crímenes. Hice una invocación para efectuar una investigación seria y profunda; por ello no puede decir que no sabía nada pues era un hecho que conmocionó al país, y que seguí denunciando a través de varias cartas”, afirmó Robles mostrando periódicos de la fecha y revistas de la época que daban cuenta de las mismas.
Lejos de investigar, Fujimori lo calificó de miedoso y chantajista, lo que según el general demuestra que el ex mandatario estaba al tanto de los crímenes. “Si después de esta denuncia hecha no por cualquier oficial subalterno sino por el tercero en la jerarquía del ejército, Fujimori no investiga y no acepta las recomendaciones que le hice, sino que me insulta y avala panfletos en los que me atacan, queda demostrado que hizo todo lo posible por encubrir a los criminales”. Al respecto mostró boletines del ejército y folletos donde se le insulta con epítetos de traidor, cobarde, felón “por haber ido contra los principios del ejército”.
Como parte de los ataques, el general Robles recordó las declaraciones de Fujimori en el sentido de que “el ejército no era un club de señoritas”, con el fin de descalificar sus denuncias; y la resolución que firmó, dándole de baja, copiando los mismos argumentos del acta que firmaron los generales del ejército, en la que lo declaran traidor y piden su expulsión, el 10 de mayo del 93, el mismo día que se publica la resolución.
Más adelante desmintió que Fujimori le haya pedido que no se asilara y que permaneciera en el Perú, como este lo declaró ante la Sala Penal Especial, cuando afirmó que Robles había planteado una serie de condiciones. “Es falso, en ningún momento he recibido ninguna llamada, invitación o convocatoria. Más bien veo que el acusado sigue avalando las mentiras que antes ya dijo Hermoza Ríos”, precisó.
El testigo recordó que desde su asilo en Argentina siguió denunciando y advirtiendo sobre las consecuencias que tendría para el ejército el que los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos pasen a la justicia militar, tal como consta en una carta abierta dirigida a Fujimori. “Ahí le reitero que estos crímenes se cometieron al amparo de su presidencia; que el tiempo y los hallazgos posteriores me han dado la razón, que dije solamente la verdad. Que el general Hermoza no puede esconderse sin reconocer su responsabilidad y pido que se incluya a los autores intelectuales y encubridores. Le digo que ya el pueblo lo percibe entre los encubridores de estos hechos y su actitud alimenta los rumores de que usted ha conocido todos los estos crímenes. Demuestre lo contrario, hágalo porque usted representa a la Nación”, le manifestó el general Robles en una carta enviada el 19 de febrero de 1994, cuando ya se había pasado el caso al fuero militar.
En otro momento explicó que no aceptó el cambio que Hermoza dispuso para enviarlo a la Junta Interamericana de Defensa, a pesar que ello significaba un incremento de sus ingresos como un sueldo de siete mil dólares, más 24 mil dólares de viáticos, entre otras gollerías. “Ello era enviarme al destierro y el precio por mi silencio”, remarcó.
Testimonio de Robles revelan compromiso de Fujimori y Hermoza con crímenes de “Colina”
Las declaraciones del general Rodolfo Robles demuestran el compromiso del ex presidente Alberto Fujimori y del ex comandante general del ejército, Nicolás Hermoza Ríos, con los crímenes cometidos por el destacamento Colina, afirmó Carlos Rivera, abogado de la parte civil; en tanto que para la doctora Gloria Cano, lo manifestado por el testigo es “contundente”, pues demuestra la existencia y responsabilidad de la cadena de mando de la que dependía el grupo criminal.
Rivera Paz señaló que es importante tomar en cuenta que tras la denuncia del general Robles, Fujimori y Hermoza no solo no la acogen e investigan, sino que se vuelve parte de la política de encubrimiento, empieza a atacar al denunciante y tres días después le da de baja. “El hecho que el Presidente de la República diga que el ejército no es un club de señoritas porque se hace una denuncia de un crimen tan horrendo como La Cantuta, es un elemento que lo vincula con estos hechos. Remarcó además que Robles Espinoza ha presentado abundante información que confirma que Fujimori estuvo enterado de los hechos y que no hizo nada por investigar y sancionar a los responsables.
Miercoles 07 de Mayo de 2008
General Robles afirma que la Cantuta y Barrios Altos fueron operaciones encubiertas
Fujimori estaba al tanto de todo lo que hacía el SIN
Rodolfo Robles Espinoza, el general que hace exactamente 15 años denunció desde el interior del ejército la existencia del destacamento Colina, confirmando otras denuncias periodísticas, inició su testimonio este miércoles en el megajuicio al ex dictador. Y sin duda, sus declaraciones son de vital importancia en este proceso, aunque para el abogado defensor César Nakasaki sea solo un testigo de referencia.
Una de las primeras cosas que ha dicho el general es que los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta fueron operaciones encubiertas del SIN, de las que Alberto Fujimori estaba al tanto. Robles fundamentó su afirmación en el hecho de que una vez instalado en el poder Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos modificaron los dispositivos legales del sistema de defensa nacional, para concentrar todo el poder en el Servicio de Inteligencia Nacional, SIN, cuyo jefe real era Vladimiro Montesinos. Robles Espinoza explicó minuciosamente, a través de gráficos, cómo se modificó el DL 279 que regía desde 1984 con el DL 746 de noviembre de 1991, según el cual el SIN, deja de tener autonomía y pasa a depender directamente del Presidente de la República.
En efecto, esta norma que fue propuesta por Vladimiro Montesinos, pasa a darle atribuciones al SIN que antes no tenía como realizar inteligencia operativa y contar con los equipos que posibiliten ese trabajo; de igual manera producir inteligencia en el campo político, económico y psicosocial. El general explicó que por ello, el SIN estaba en la obligación de dar cuenta antes, durante y después de las tarea que realiza; asimismo, recababa autorización del presidente para realizar dichas actividades.
En resumen, el SIN, que dependía directamente de Alberto Fujimori, dirigía, coordinaba y controlaba las operaciones de inteligencia, de acuerdo con los criterios y políticas que aprobaba el presidente de la República. Los titulares de inteligencia eran designados a propuesta del SIN y así se establecía una lealtad y sumisión a su jefe real, Vladimiro Montesinos. Además, pasa a constituir un sector presupuestario manejado por el jefe del SIN y el Presidente, y que además tenía carácter secreto.
Con relación a las operaciones especiales realizadas por el SIN, remarcó que estas son fundamentalmente ocultas, con restricciones porque conllevan ilegalidad; y que en el caso de las operaciones encubiertas, si bien no están descritas en ningún manual, era una calificación doctrinaria inspirada justamente en las doctrinas de seguridad nacional de los Estados Unidos.
Durante el interrogatorio que estuvo a cargo del fiscal José Antonio Peláez, el general Robles, sostuvo que hubo un triunvirato en el poder, que se hicieron una serie de cambios de todo tipo para perpetuarse en el poder; que permitieron la creación de grupos como Colina, cuyo objetivo no era obtener información, sino eliminar todo aquello que pudiera poner en peligro su proyecto.
En la parte final de la audiencia, el general Robles Espinoza afirmó que advirtió a la justicia militar que ocultar o encubrir los crímenes de La Cantuta, conllevaba una responsabilidad histórica, un baldón para el ejército. Sin embargo, por las denuncias que estaba haciendo, fue cambiado a la Junta Interamericana de Defensa.
Abogado Carlos Rivera destaca importancia de testimonio de Robles
El testimonio del general Rodolfo Robles, demuestran que hubo una decisión política que se manifestó también el ámbito militar de impulsar y potenciar normativamente las operaciones de inteligencia contrasubversiva, cuya expresión mayor fue la constitución del destacamento Colina; así como de decisiones que vinculan de manera directa al ex presidente Alberto Fujimori con la política contrasubversiva y la implementación de operaciones especiales.
Agregó que según lo manifestado por el general Robles, estas operaciones especiales implicaban eliminar, desaparecer personas sospechosas de tener vínculos con el terrorismo. Los cambios que se hicieron sobre el tema de inteligencia no solamente le dieron mayores potestades al SIN sino que las normas establecían con claridad su dependencia del Presidente de la República. “Eso no es una invención, sino que así lo establecía la ley que entró en vigencia desde 1990”, remarcó el doctor Carlos Rivera.
Lunes 05 de Mayo de 2008
Coronel Miguel Angel Bernal Neyra afirma que se enteró de Barrios Altos y La Cantuta “por los diarios”
Ex edecán de Fujimori solo sabía de acciones cívicas y no de violaciones a los derechos humanos
El Coronel del Ejército Peruano en situación de retiro y ex edecán y jefe de seguridad de Palacio de Gobierno, en los años 1992 y 1993, Miguel Angel Bernal Neyra, dijo desconocer al grupo Colina y haberse enterado de los crímenes de Barrios Altos y la Cantuta a través de los medios de comunicación, y que como tal sólo conocía las acciones cívicas que Fujimori hizo durante su gobierno: “Yo veía que el presidente trabajaba por el Perú, no hacía proselitismo político, decir eso sería ofender a esos campesinos. Las acciones se realizaban con mucha frecuencia, de manera diaria o interdiaria”, afirmó tajante el militar que fue presentado como testigo de la defensa en la audiencia número 56 del juicio a Fujimori.
Dijo que tampoco tomó conocimiento de cómo ocurrieron los hechos para la promulgación de la ley Cantuta (que se propuso el 07 de febrero y se aprobó el 08 de febrero del 1993) de igual modo para la ley de amnistía en el 95, pues eso escapaba a su función de jefe de seguridad; tampoco sabía quién remitía esa información del congreso a palacio para la aprobación de esas leyes, pues a pesar su importante cargo, no llevaba un registro al respecto.
Bernal Neyra, sin embargo, no supo explicar con claridad su propia afirmación de que el presidente se reunía con ministros y otros funcionarios, si diariamente hacía labor cívica, a lo que finalmente y dubitativo se ratificó: “creo que eran reuniones semanales”.
Al igual que otros testigos de descargo, el ex edecán parecía tener una memoria selectiva, pues recordaba solo las llamadas “acciones cívicas”, sobre todo en Ayacucho, mas nada que tenga que ver con las violaciones a los derechos humanos que se producían en esos años y que la prensa ya daba cuenta. Al respecto, indicó que Fujimori nunca le pidió coordinar con el Ministerio Público o con las organizaciones de familiares sobre las denuncias de violaciones a los derechos humanos, cundo visitaban diversas zonas del país.
“En el 93 el presidente visitó la zona de Cabitos en Ayacucho, en lo que a mí respecta nunca he sabido sobre denuncias ni quejas sobre violaciones a derechos humanos. Lo acompañé también a la Universidad Nacional del Centro en Huancayo, era un lugar lúgubre, lleno de pintas alusivas al MRTA y SL. Recuerdo haberlo acompañado también a La Cantuta, por las aulas, el comedor y otros lugares de la universidad, y me sorprendió la relación del presidente con los estudiantes, fue recibido tranquilamente, conversaba con los alumnos, se desplazaba sin protección”, dijo el ex edecán, quien dijo desconocer por qué lo eligieron para el cargo. “Para mí fue siempre una inquietud saber por qué me nombraron edecán” sostuvo ante la pregunta sobre los requisitos que tenía que cumplir para su nombramiento.
Posteriormente tuvo una confusa declaración cuando se le preguntó de dónde provenían los fondos que se usaban para las llamadas “acciones cívicas”, primero dio a entender que eran documentos que salían con un “ok” del despacho presidencial, luego dijo no saber quién hacía dicha consulta, para luego afirmar que todo lo hacía “obedeciendo órdenes superiores”.
Luego soltó una pintoresca declaración que despertó la carcajada del propio Fujimori: “Mi función como edecán solo era preparar los viajes que hacía el presidente, incluso espiaba por la cerradura de la puerta de su despacho para ver cómo estaba vestido y saber si íbamos a un lugar donde hacía frío o calor”.
Hay algunos elementos que rescatar del testimonio de Bernal, como el hecho de que recibía órdenes verbales de Alberto Fujimori, tal como también lo han señalado otros testigos. De igual manera, ratificó la presencia del coronel Huamán Azcurra, el encargado del chuponeo en la caseta instalada en Palacio de Gobierno, aunque dijo que no tenía acceso a la misma. “Entiendo que lo hacía porque el señor presidente lo habría convocado… en realidad no conozco, no sé quién lo llamó”, remarcó.
Gloria Cano: “Es extraño que no haya recibido las denuncias en las zonas de acción cívica”
Para la doctora Gloria Cano, resulta contradictorio que Bernal Neyra recuerde fechas, lugares, qué tipo de donaciones llevaban, entre otros detalles, pero desconozca o no recuerde temas de fondo. “Es extraño que una autoridad llegue a una zona como Ayacucho, de donde el propio Ministerio Público tenía una información vasta sobre violaciones a derechos humanos, además de haber sabido por reportes de medios, sobre las constantes marchas de las señoras de ANFASEP en Huamanga, solicitando las investigaciones de los desaparecidos en dicha zona, y no sepa nada sobre estos hechos”, recordó la abogada de la parte civil.
“En estos viajes tiene que haberse reunido con instancias como el Ministerio Público u organizaciones de víctimas, o simplemente eran visitas de carácter proselitista llevando ollas, comida y polos, cuando sabemos que el verdadero desarrollo de una región no pasa por ese tipo de gestos”, enfatizó.