Antecedentes
El domingo 11 de agosto de 1991, a las 7 p.m. la Alcaldesa de Pativilca Carmen Velásquez Copara fue asesinada por supuestos grupos terroristas en circunstancias que se encontraba en un local comunal reunido con un grupo de pobladores para ver asuntos relacionados con el agua y desagüe.
Velásquez tenía un yerno, miembro de la Policía de Investigaciones del Perú (PIP), que en ese entonces se desempeñaba como Comisario de Paramonga. Luego del crimen, se produjeron batidas y allanamientos de diferentes casas en la zona. La policía ingresó a la casa de Anuncia Rivera Santos, madre de Agüero Rivera, hasta en tres oportunidades, y a la de Olimpo Rodriguez López, padre de Cesar Olimpo Rodríguez Esquivel, sin encontrar nada que pudiera vincularlos con grupos subversivos o actividades de estos.
Los hechos
Por la madrugada del 29 de enero del año 1992, un grupo de aproximadamente veinte personas, al mando de una mujer, ingresaron a los domicilios de Jhon Calderón Ríos (18), estudiante de Mecánica; Toribio Ortiz Aponte (25), agricultor; Felando Castillo Manrique (38), agricultor; Pedro Agüero Rivera (35), agricultor y chofer; Ernesto Áreas Velásquez (27), profesor; y César Rodríguez Esquivel (29), chofer.
Ese día, cuatro sujetos altos y fornidos, así como una mujer de baja estatura, provistos de una potente linterna, ingresaron al dormitorio de los dueños de casa: Cesáreo Calderón y su esposa, a quienes tiraron al piso y amarraron, para luego comenzar a buscar entre sus cosas. Paralelamente, otros de los encapuchados había ingresado al dormitorio de los hijos. Enrique, uno de sus hijos de Cesáreo pudo observar como estos sujetos se llevaban a Jhon Calderón Ríos, mientras otros rompían el Kiosco que estaba fuera de la casa. Los sujetos se apropiaron de 900 soles que tenían de ahorro, y posteriormente generaron una explosión, que atemorizó a la familia del Sr. Cesáreo, quienes en su confusión alcanzaron a ver dos camionetas. Horas más tarde encontraron el cadáver de Jhon en un cañaveral como a 4 metros de la acequia grande a un kilómetro de su casa, tenia las manos atadas y presentaba dos impactos de bala y uno de los dedos del pie estaba sin uña.
Toribio Ortiz se encontraba descansando en el domicilio de Paulo Fernandez Migo y Abraham Fernández Migo, primos de la víctima en Pampa San José. Al escuchar los puntapiés en la puerta de la casa se asustaron pensando en el robo del que habían sido víctimas días antes. Los hermanos Fernández Migo salieron corriendo, mientras que Ortiz Aponte dijo que los enfrentaría. Los hermanos pudieron esconderse y vieron que un grupo de hombres armados cogió a Toribio Ortiz Aponte, lo golpeó y subió a una de las dos camionetas de doble cabina en las que llegaron. El cadáver de Toribio fue hallado horas después en un cañaveral.
Un grupo de aproximadamente 15 personas irrumpió en el domicilio donde se encontraba Felando Castillo con la señora Ada Ochoa Solano y, vociferando groserías, les dijeron que no gritaran, de lo contrario los matarían. Ada Ochoa fue cubierta con una colcha y obligada a quedarse en el dormitorio con dos de los sujetos, quienes luego se llevaron a su esposo, Felando Castillo. Los sujetos vestían chompas negras y pasamontañas. Al igual que en los casos anteriores, Felando fue hallado al dia siguiente en un cañaveral, con 4 tiros en la cabeza, con las manos y pies atados.
A las 3:30 a.m. del 29 de enero, José Luis Agüero Rivera subió al techo de su casa en la localidad de Caraqueño y pudo observar a dos camionetas que se estacionaban y de las que descendían entre 20 a 30 personas. Ellas alumbraron su casa con un reflector y de inmediato ingresaron a esta. Entre los sujetos estaba una mujer vestida con ropa de comando y el rostro cubierto con pintura, tenía el pelo teñido y era de baja estatura. Cuando entraron a su domicilio apuntaron con sus armas a Anuncia Rivera Santos, madre de Pedro Agüero Rivera, golpeándola en la cabeza con una escopeta, al igual que a su esposo. Pedro Agüero defendió a su padre cuando dijeron que lo iban a matar, pero luego fue amarrado y envuelto con una frazada para ser llevado con rumbo deconocido. Después encontrarían su cadáver en un cañaveral cercano, con signos de tortura y varias heridas de bala en la cabeza.
Alrededor de las 4 a.m. del 29 de enero, un grupo de personas ingresó violentamente al domicilio de Nicanor Vilca Quispe, en el caserio de Caraqueño, pateando la puerta y realizando disparos. Uma vez dentro, pusieron a don Nicanor y su esposa boca abajo y una mujer dijo a los otros sujetos: “si se mueven, elimínalos”. Rebuscaron en toda la casa y golperaron a su cuñado. Posteriomente se dirigieron a la casa de Ernesto Nieves Arias Velásquez, lo sacaron y se lo llevaron. Esa misma tarde lo encontraron en un cañaveral atado de manos y con impactos de balas en la cabeza.
En el caso de César Rodriguez Esquivel, 15 personas, entre las que se podía ver una mujer, patearon la puerta de su domicilio con intenciones de ingresar. Como no pudieron tirarla, el grupo ordenó “abran”, desde la ventana. Rodríguez preguntó quiénes eran pero solo respondían con insultos. La familia quiso salir por la segunda puerta, sin embargo, al llegar esta ya había sido violentada.
Los efectivos, alumbrados por una potente linterna, sujetaron a la fuerza a César Rodriguez y lo tiraron al piso. A su esposa, Erlinda Lucas Muñoz, la apartaron a un dormitorio, preguntándole “¿donde están las armas?”. La señora Erlinda lloraba pidiendo por su esposo y asegurándoles que no había armas en la casa. Uno de ellos le llegó a decir que se tranquilizara, que no iba a pasar nada y mientras interrogaban a César Rodriguez no paraban de pegarle y de preguntarle por las armas.
La mujer que vino con el grupo encañonó al padre de César. A pesar de no encontrar ningún arma se lo llevaron. Luego, Erlinda Lucas y su suegro llegaron a la puerta donde pudieron observar a la mujer, que avanzando hacia los sujetos, les dijo “esperen voy a matar a ese ch…”, entonces cerraron la puerta atemorizados y escucharon disparos. Al salir de nuevo vieron cómo avanzaban las camionetas de doble cabina, las cuales tenían la luz de peligro.
Tras los hechos, dejaron pintas que decían “muerte a los soplones”.
La denuncia
Los familiares visitaron todas las comisarías de la zona donde les negaron haber realizado alguna batida en la zona. Recorrieron hospitales y la morgue, sin hallar nada.
Cerca de las 6 p.m. del 30 de enero, José Luis Agüero, hermano de una de las víctimas, encontró los cuerpos: "Un amigo que bajaba con su camión me contó que había visto varios cuerpos en un cañaveral cerca de la carretera de ingreso. Cuando fui a verlos encontré un cuadro horrible. Mi hermano tenía disparos en la cabeza, pero había otros dos señores que estaban torturados, quemados, parecían que le habían puesto soplete", contó. En ese entonces los familiares aseguraron ante la policía que los victimarios eran militares, sin embargo, poco hicieron para investigar el caso.
Para Aprodeh el crimen de los pobladores de Pativilca sigue el mismo patrón de los asesinatos del grupo Colina en el caso del secuestro del periodista de Huacho Pedro Yauri y los asesinatos de la familia Ventocilla. Los testimonios de los familiares y testigos coinciden con las declaraciones que varios miembros del grupo Colina han dado en las audiencias, detallando la forma en la que actuaban. .
Este operativo formó parte del Plan Cipango para realizar acciones contrasubversivas en el norte chico, las que eran conocidas por el extraditado Fujimori.
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